entorno natural

Al encontrarse en el interior de la península en la submeseta sur, Fuente el Fresno tiene un clima mediterráneo-continental más bien seco en el que los inviernos son suaves o fríos y los veranos muy calurosos con precipitaciones escasas durante todo el año, tan solo en los meses otoñales y primaverales desde finales de Septiembre hasta mediados de Noviembre y desde finales de marzo hasta mayo llegando incluso a haber lluvias en junio en algunos años y debido al cambio climático.
Esta situación geográfica y de clima condiciona la fauna y la flora del lugar así como todas las actividades agrícolas y ganaderas a las que se dedica el pueblo Geográficamente, la comunidad de Castilla-La Mancha está situada en su totalidad sobre la submeseta sur de la Península Ibérica. Esta meseta esta constituida por cuarcitas y pizarras que forman parte de un zócalo geológicamente muy antiguo que fue completamente arrasado por la erosión. Después, la zona fue invadida por el mar, y según iba perdiendo profundidad la masa de agua, se depositaron arcillas y arenas, que dieron lugar a margas y areniscas. Finalmente, en los lagos sometidos a fuerte evaporación, precipitaron las sales y se formaron los yesos.
Es, por lo tanto, una zona geológicamente variada y con
una morfología fundamentalmente llana, y son
precisamente estas interminables llanuras las que
imprimen carácter a la geografía manchega. También la
sequedad del clima alcanza tal intensidad que constituye
un factor de primer orden para definir el paisaje de la
región que aparece, por lo tanto, dominado por llanuras
o zonas ligeramente onduladas pobladas por una
vegetación de tipo estepario. Así se caracterizan las
zonas mas emblemáticas de la región como la Alcarria en
Guadalajara, el campo de Montiel entre Ciudad Real y
Albacete, la Manchuela de Cuenca, y la propia llanura de
la Mancha, situada entre las provincias de Toledo y
Ciudad Real, que es la llanura más grande y más perfecta
de toda la Península Ibérica.
Fauna
Entre la fauna, rica y variada en todas las categorías taxonómicas, sobresalen las especies ligadas al monte mediterráneo como buitres negros, nutrias, ginetas, meloncillos, gallipatos, tritones, entre otras muchas especies que albergan este territorio, y aquellas otras objeto de caza, actividad ligada a la forma de vida de muchos de nuestros municipios. De estas zonas también proceden el águila perdicera y las águilas imperiales que se han visto en los últimos años.
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Por último algunas aves se han observado en el Macizo durante sus movimientos migratorios, como el milano negro, el halcón abejero, la cigüeña negra y la lechuza campestre. Entre ellas incluimos la mayor parte de los reptiles, los cuales alcanzan su temperatura corporal recibiendo el sol en los peñascos, en el interior de una pedriza o bajo un matorral cerrado . De esta forma, la mayoría de culebras y lagartijas las podemos encontrar en varios hábitats diferentes, sin que se asocien a uno concreto. Lo mismo ocurre con algunos mamíferos, como el zorro, los mustélidos en general, la jineta, el lince..., que requieren una gran diversidad de hábitat.
Flora
stas situaciones del relieve y la climatología favorecen el desarrollo de este medio tan característico de nuestro valle. En los alrededores del pueblo nos encontramos zonas de cultivos y reservadas para la ganadería, los caminos rurales nos llevan al interior del bosque propiamente dicho. En las zonas de solana encontramos estos árboles de hoja perenne característicos y matorrales, y en las zonas de umbría algunas especies de árboles de hoja caduca característicos del bosque caducifolio.
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Detenidamente podemos decir que, los árboles más característicos son las encinas, quejigos, rebollos, robles, chopos, castaños, olivos, pinos… Arbustos como chaparros, jaras, retama, tomillo, romero… y especies de briófitas. En primavera nuestro paisaje es especialmente bello, ya que crecen especies muy coloridas de amapolas, largas extensiones de inflorescencias de margaritas, blancas flores de jara, lilas, flores de tomillo, y los almendros en flor, mientras en verano disfrutamos de unos colores intensamente verdes que reportan una sensación de frescor, en otoño los tonos ocres y rojos y marrones tintan diferentes zonas de los montes creando un mosaico de color otoñal, en los inviernos, siendo tan fríos y con tantas precipitaciones, convivimos con un paisaje austero, aunque no demasiado teniendo en cuenta los numerosos árboles de hoja perenne, que también pierden su color y brillo de las estaciones más soleadas en esta estación.
Cabe destacar las manchas de encinas, restos de alcornocales, quejigares, robledales melojos y una interesante vegetación asociada a los cauces fluviales, como por ejemplo las saucedas, los brezales de vaguada y los tamujares.
